EL BOOM DEL LADRILLO EN CASTRO URDIALES Y SUS CONSECUENCIAS EN EL URBANISMO PÚBLICO QUE AHORA PAGAMOS TODOS

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Una vez más, nos alegramos que nuestro trabajo no caiga en saco roto. En Enero de este año nos hicimos eco de las quejas de una Asociación Vecinal sobre el estado del barrio de Cotolino y preparamos un extenso documento con fotografías de todo lo que vimos y nos trasladaron que era mejorable y registraron como Moción en el Ayuntamiento, aunque no llegó a aprobarse.

 

Como aún no hay un reglamento de participación, Podemos Castro acogió esta Moción para su presentación en el Pleno, aunque fue rechazada por el resto de grupos municipales. Sin embargo, vemos que no todas las propuestas cayeron en saco roto y algunas de ellas se han materializado o están en camino de terminarse. Como, por ejemplo, el pintado con barniz antideslizante en las aceras, la cubierta del parque de Las Marismas -propuesta que ya llevábamos también en nuestro programa electoral- y ahora la reparación del hundimiento de aceras y arquetas en la calle Julio Romero Garmendia.

Hay demasiadas calles, -en Cotolino, en el resto de la ciudad y en sus pedanías- que están en deplorable estado como las que ya fotografiamos hace seis meses. Sin salir de Cotolino, la calle Teresa de Calcuta y  el aparcamiento situado junto al centro de salud presentan  un aspecto deplorable en un barrio relativamente “joven”.

Al final del documento adjuntamos fotografías para que se pueda ver este lamentable estado de algunas de estas calles y aquí debajo tenéis el enlace de la información del Concejal de Urbanismo sobre la reparación de esa calle en concreto.

 

https://www.facebook.com/pg/AyuntamientoCastroUrdiales/posts/

 

Estos arreglos, y todos los que nos quedan por asumir y pagar entre toda la ciudadanía castreña, son consecuencia directa del urbanismo desaforado entre los años 1990 y 2010. No son consecuencia del tiempo o de lo que eufemísticamente llaman asentamiento del terreno, cuando realmente deberían de haberlo llamado por su nombre: falta de preparación del terreno y defectos de construcción. Es el resultado de políticos corruptos que permitieron que constructores y promotores sin escrúpulos cometieran tales desmanes. De un urbanismo al servicio de promotores y constructores, que se lucraron mientras destruían sistemáticamente nuestra historia y nuestro patrimonio. Con la connivencia de todos los partidos, sin excepción, que gobernaron el ayuntamiento aquellos años aciagos. Promotores, constructores y la lacra política que gobernó por turnos, que ni siquiera tuvieron la decencia política de obligar a urbanizar bien las calles. Como era su obligación.

 

No hay más que ver cómo se hunden las aceras, se separan los edificios y se parten o sobresalen las arquetas. Fachadas cubiertas de humedad y filtraciones, debido, entre otras cosas, a los materiales de pésima calidad utilizados y la falta de una buena estructura edificatoria con problemas de aislamiento. Ni tan siquiera se han librado las viviendas de protección oficial, de las que era responsable Gesvican, que dan una imagen de podredumbre y dejadez debido a las grietas que atraviesan el edificio y el moho que adorna su fachada y de la que nadie se ha hecho cargo y ahora toca asumir y pagar su reparación al vecindario.

 

Un Plan General Urbano que no se planificó de acuerdo con las necesidades y el futuro que se quería para Castro, sino para que acogiera sucesivas modificaciones que siempre beneficiaban a determinadas familias, a promotores y a constructores. Proliferaron alcaldes que destruyeron nuestra costa, derribaron edificios emblemáticos -estación del tren, teatro de la Villa, la Matra-, edificios que eran joyas arquitectónicas, destruyeron zonas verdes y bosques autóctonos que ahora o no existen o son eucaliptales, y un sin fin de aberraciones más, que hicieron ricos a unos pocos. Todo ello con el beneplácito de los sucesivos gobiernos que rigieron nuestro Ayuntamiento.

 

Esto no sólo lo decimos nosotr@s, como muestra este enlace en el que hablan de la historia del urbanismo, la corrupción, del PGOU de 1965 y del de 1996:

 

https://eblancooliva.com/2018/03/27/castro-urdiales/

 

“El Plan de 1965, redactado en pleno auge de las ideas expansionistas ligadas al turismo, consagra un modelo de ocupación del espacio, apuntalado con las sucesivas modificaciones puntuales, caracterizado por la especulación (ausencia de nuevas dotaciones, sustitución de un modelo extensivo de baja densidad por otro intensivo, por ejemplo Estudio de detalle de Brazomar, sustitución de edificios públicos por viviendas, etc.), “el desorden (el Plan no establece alineaciones, que se van definiendo paulatinamente en función de los intereses de los particulares sin tener presente lo ya existente, la dispersión (al no establecer nuevas calles o equipamiento a que sirvieran de rótula entre la trama existente y las nuevas áreas de crecimiento) y la destrucción de la trama histórica (el derribo del Teatro de La Villa -1974-, la inserción en pleno centro histórico de bloques en altura o fábricas de conservas, procesos como el PERI de la Plaza del Mercado, que incluía la desaparición del edificio de Eladio Laredo, son ejemplos claros de atentados culturales contra la ciudad.

 

El documento, no adaptado tan siquiera al Texto Refundido de 1976, se caracteriza por su indefinición, siendo sus principales frutos, existencia de numeroso planeamiento de desarrollo {con frecuentes alteraciones de las determinaciones del Plan General}, que no responde a un modelo único o final de ciudad, si no a problemas puntuales inconexas, que se resuelven, normalmente, en beneficio del particular frente al público y la marginación del resto de núcleos del municipio, posibilidades de crecimiento ni mejora de dotaciones.

 

Otro rasgo característico del planeamiento desarrollado en el municipio ha sido la asunción por parte del Ayuntamiento del papel de promotor del mismo, siendo escasos los documentos en los que los particulares interesados figuran como tales. Esta forma de actuar hace recaer toda la responsabilidad urbanística en el Ayuntamiento que, por un lado, respalda como propios los criterios de los particulares colaborando de forma activa en el desaguisado urbanístico y, por otro lado, beneficia directamente a las auténticas promotores al permitir que los mismos no tengan que cumplir con los requisitos que la Ley del Suelo exige a actuaciones promovidas por particulares.

Se puede afirmar como resumen que del análisis de la información urbanística se deduce la ausencia de política urbanística municipal”, que con escasas excepciones ha antepuesto los intereses particulares a los públicos, defendiendo sin criterio la lenta pero incesante destrucción de un municipio y una ciudad que si por algo destacaba antes de la aprobación del Plan vigente era por su calidad de vida, expresada en la ordenación volumétrica, la existencia de una trama homogénea consolidada y en un sistema de equipamientos y espacios libres conseguidos a lo largo de muchos siglos, de difícil parangón con cualquier otro lugar de Cantabria.

 

El Plan General, sus modificaciones y proyectos de desarrollo han sido los instrumentos que han permitido el proceso de masificación y reducción de la calidad ambiental (urbana y natural) del municipio, al no tener presente en ningún momento la historia.”

Ahora, sólo queda asumir las reparaciones de las vías públicas de las que nadie se ha hecho responsable, asumir la construcción de equipamientos que a los constructores obligados no se les exigieron y costearlo todo nosotros y nosotras con nuestros impuestos.

 

Ya en Junio2017 Podemos Cantabria interpeló al Gobierno Autonómico sobre la previsión que tenía de requerir al Ayuntamiento de Castro para que se revise el Plan General de Ordenación Urbana y se adaptara a la Ley del Suelo de Cantabria, basándose en una serie de razones de ámbito municipal y supramunicipal que, a juicio de nuestro partido, hacían imprescindible este requerimiento por parte del Gobierno: la incorporación del PSIR de Vallegón y la ampliación del mismo para mejorar la oferta industrial en Cantabria; la entrada en vigor el Plan de Ordenación del Litoral; el déficit de equipamientos y dotaciones públicas de Castro Urdiales, situando al municipio muy por debajo de los estándares de calidad; los problemas de movilidad y comunicación entre el centro urbano y las juntas vecinales; la indefinición y falta de remate de la malla urbana del casco urbano; los problemas de infraestructuras del municipio, sobre todo de las juntas vecinales, en las que todavía había y hay barrios sin saneamiento o la necesidad de incorporar criterios de sostenibilidad ambiental en todo el territorio del municipio.

 

Esperemos que se aprenda la lección y por fin primen los intereses de la ciudadanía sobre los de empresarios, constructores y políticos amigos, y se empiece de una vez, primero y con urgencia, a terminar de redactar, consensuar y aprobar el Plan Estratégico que se está elaborando y seguir con el Reglamento de Participación, para que después, y sin tardar, podamos entre todos y todas, comenzar a elaborar un nuevo PGOU en condiciones, en el que participe toda la ciudadanía, para diseñar a partir de ahora el Castro que realmente queremos todas y todos.